Iván Franco
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Triplethree International

México se ubica entre los primeros diez productores de carne de cerdo en el mundo. No obstante, la industria porcina nacional es altamente vulnerable a los choques externos. En el marco de la atropellada renegociación del TLCAN, el devenir de la industria es algo incierta. Actualmente, Estados Unidos impone barreras al ingreso de carne de cerdo proveniente de México, argumentando que la carne del país es, entre otras cosas, sensible a la fiebre porcina. En cambio, México importa un 43% de la producción total de carne de cerdo en pie. Casi toda proviene de Estados Unidos.

Para México, es fundamental instrumentar una agenda de acciones que incentiven los negocios entre empresas mexicanas productoras y consumidoras. Para que esta agenda funcione, debe considerar los siguientes puntos dentro de la ruta crítica de la industria porcina:

1. Reducir las importaciones. Las piezas importadas por México son principalmente paletas y piernas congeladas (presumiblemente, de mediana calidad). Aunque su precio es competitivo, esto juega en detrimento de los productores mexicanos.

2. Alimentar a los cerdos en México. La alimentación de los cerdos de engorda en México depende principalmente del maíz amarillo importado de Estados Unidos. Es decir, no existen las condiciones en el país para alimentar a la población local. Las importaciones -tanto de maíz como de carne de cerdo- están sujetas a la volatilidad cambiaria y a los choques de oferta en los mercados internacionales. Estos factores asfixian a los productores mexicanos y vulneran la seguridad alimentaria de México.

3. Aumentar el componente mexicano dentro de la cadena de valor. En diversas regiones del país existe un desaprovechamiento de valor agregado en la producción de carne de cerdo. Por ejemplo, al no haber infraestructura suficiente, los pequeños y medianos engordadores prefieren vender sus animales vivos, evitando los procesos de matanza y corte de la carne. Esto es ineficiente, porque dejan de aportar valor a la cadena de producción, incentivando aún más las importaciones.

4. Privilegiar la calidad. Con las importaciones de carne de mediana calidad se está privilegiando el precio sobre la calidad. En este proceso, existe una pérdida de ingresos y un costo de oportunidad para la industria nacional. Por ello, es importante vincular a la industria productora nacional, con la industria usuaria.

La solución

Dice un famoso aforismo: “conócete a ti mismo”. El entendimiento del mercado es algo que dejó de hacerse hace años por falta de interés y de recursos. Por esta razón, es indispensable contar con el apoyo de las autoridades para fomentar a la industria nacional a través de la instrumentación de un marco competitivo de última generación.

El primer paso es conocer los hábitos de consumo actuales de la población. En realidad, poco se conoce de ellos. Es importante definir quién y quienes consumen la carne de cerdo y cómo lo hacen. Asimismo, analizar el consumo de los hogares y el nicho de grandes consumidores fuera del hogar. Esto, incluye al segmento industrial, es decir, los grandes consorcios que producen derivados de la carne de cerdo, como los embutidos.

En la parte institucional, como los restaurantes, es necesario empujar y promover el consumo de carne de cerdo nacional.

Como siguiente paso, es necesario conocer los procesos de producción dentro de la cadena de valor porcina, desde la engorda, hasta la venta de productos secundarios, incluyendo los deshechos de los animales. En la actualidad, los precios de las piezas de cerdo son muy inconsistentes. Los desperdicios cuestan casi igual que la carne de mayor calidad. Si se atendiera la demanda nacional con cerdos producidos en México, estas distorsiones del mercado de precios no sucederían.

Finalmente, existe muy poca información sobre los proveedores de insumos en México. La industria porcina mexicana es sumamente sectaria y rivalizada. Esto impide contar con padrones de información comercial que ayuden a las empresas a conocer a posibles suplidores de insumos y compradores de productos. Muchos negocios que podrían concretarse localmente no se realizan por falta de información.

Es clave involucrar a todos los órdenes de gobierno, tanto local como federal, a fin de que lideren y coadyuven en el proceso de crecimiento y desarrollo comercial de la industria. Por su parte, la industria porcina nacional tiene que ser más proactiva y fortalecerse ante un escenario de incertidumbre. Para ello, requieren un cambio de mentalidad, recursos y una estrategia gremial más que individual.

Artículo publicado en Los Porcicultores y su Entorno