La lactancia y el destete, factores determinantes para el rendimiento productivo de conejos

Miguel Ángel Martínez Castillo
[email protected]

Luis Vicente Jiménez Castillo
Gabriela Correa Vargas
Depto. de Medicina y Zootecnia de Abejas, Conejos y Organismos Acuáticos.
FMVZ – UNAM.

A diferencia de los otros lepóridos, las liebres, que por ser precociales nacen cubiertos por completo de pelo, con los ojos abiertos y predispuestos al desplazamiento relativamente seguro y confiado, los conejos son altriciales, lo cual significa que nacen con un menor grado de madurez: desprovistos de pelo evidente, con los oídos ocluidos, con los párpados unidos, con escasa capacidad de locomoción independiente y con limitaciones fisiológicas para regular su temperatura corporal, pues esencialmente son, al principio, exotérmicos, lo cual significa que su calor corporal no depende de su metabolismo, sino de su entorno, por lo que están supeditados a las características del nido que la madre preparó antes del parto; al transcurrir los días maduran y entonces a partir de ese momento se comportan ya como animales homeotermos endotérmicos.

Tan pronto nacen los gazapos, la coneja los limpia, los estimula físicamente, les corta el cordón umbilical y poco después los amamanta. Es importante hacer notar que el amamantamiento de la coneja es muy particular. Mientras que la mayoría de los mamíferos estudiados alimentan a sus críos cada tres o cuatro horas al principio del periodo de lactación, por cuestiones etológicas y de seguridad, la coneja solo lo hace una vez al día, por un periodo muy breve (5 minutos en promedio) y generalmente en las madrugadas o al amanecer, constituyéndose como un ciclo biológico circadiano de carácter endógeno muy bien establecido. Esta conducta ha sido atribuida a una protección de carácter instintivo en donde la coneja en estado natural evita visitar la madriguera para no delatar la presencia de la camada ante los depredadores.

Generalmente, el amamantamiento ocurre diariamente a la misma hora y casi siempre dura el mismo tiempo, en cualquier día de la lactancia. Para que esta periodicidad fisiológica tenga lugar, la calidad nutricional de la leche de la coneja debe ser tal que permita a los gazapos alimentarse solo cada 24 horas y quedar saciados, obteniendo al mismo tiempo los nutrientes necesarios para cubrir sus demandas metabólicas crecientes conforme transcurran los días. Es sobresaliente la alta concentración de nutrientes de la leche de la coneja, como puede observarse en el Cuadro 1 tomado de un estudio de Maertens y colaboradores. Resalta la alta cantidad proporcional de proteína y grasa. Cabe señalar que la leche de la coneja posee alta concentración de ácidos grasos de cadena media (C8-C10) y que después de alcanzar el pico a los 17-18 días, aproximadamente, la curva de producción láctea desciende, pero la concentración de grasa y proteína aumentan hasta 30% y 20%, respectivamente.

­Cuadro 1. Composición de la leche de coneja durante las primeras 5 semanas de lactación.

Composición
g/100 g Calostro 1 semana 2 semana 3 semana 4 semana 5 semana
Materia seca 32.6 29.8 30 29.5 32.4 37.7
Cenizas 1.8 1.9 1.9 2.2 2.4 2.4
Proteína 14.7 12.8 12.2 11.9 13.4 14.1
Grasa 16.3 12.7 13.1 12.9 14 18.9
Lactosa 1.9 1.6 1.4 1.9 1.8 1
Energía 9.3 8.4 8.5 8.3 9.2 10.5
Tomado de: Maertens L, Lebas F, Szendrö Zs: Rabbit milk: a review of quantity, quality a non-dietary affecting factors. World Rabbit Sci 2006. 14: 205-230.

Debido a que el amamantamiento es tan breve por día, es obvio que la supervivencia de los gazapos depende de su aprovechamiento óptimo. Cuando la coneja se introduce al nidal y se coloca en posición de amamantar, los gazapos que aún no abren los ojos (menores a diez días de edad) deben encontrar el pezón lo más rápido que puedan, para así ingerir la mayor cantidad de leche posible. La comunicación entre la coneja y su camada se lleva a cabo gracias a la producción y liberación de feromonas de parte de la madre. Las feromonas son productos químicos que algunos animales liberan a través de secreciones exocrinas como la leche, o a través de glándulas exocrinas distribuidas en partes estratégicas de su piel, como los pezones de la glándula mamaria.

La feromona mamaria más estudiada es la 2-metilbut-2-enal, que incluso ha sido aislada por investigadores franceses. Esta feromona también es liberada por la coneja lactante hacia el ambiente y al detectar su presencia, los gazapos son estimulados y se preparan para el amamantamiento. Las conejas de raza mediana poseen 4 pares de tetas o mamas: axilares, torácicas, abdominales e inguinales; excepcionalmente las conejas de razas gigantes pueden llegar a tener hasta 5 pares. Dadas estas circunstancias, sería ideal que todas las camadas paridas por las conejas tuvieran siempre 8 integrantes para así tener garantizado el acceso de cada gazapo a una mama; sin embargo, el tamaño de la camada al nacimiento oscila generalmente entre 6 y 12 gazapos, lo cual dificulta el amamantamiento de toda la camada cuando se rebasa el número de tetas, y consecuentemente habrá gazapos que no podrán alimentarse.

Generalmente los gazapos que pierden una tetada disminuyen en 50% las posibilidades de sobrevivir; si pierden dos tetadas, menguan aún más sus probabilidades de supervivencia (75%). Sin embargo, debe hacerse notar también que algunas conejas sí son capaces de destetar camadas que rebasan los 8 integrantes, pero no es lo común. Para evitar la pérdida de gazapos cuando el tamaño de la camada es considerable se recomienda en las granjas practicar la estandarización de las camadas, misma que consiste en procurar que todas las conejas que lactan de manera simultánea tengan camadas de solo 8 integrantes, de tal manera que si una coneja, por ejemplo, parió 10 gazapos, se le deben retirar 2, mismos que serán integrados a otra reproductora que parió solo 6, o que parió más, pero que varios de los integrantes de su camada no sobrevivieron. Al estandarizar las camadas a 8 integrantes cada una se incrementa la supervivencia de los gazapos nacidos en general y el tamaño promedio de la camada al destete.

Por otro lado, una coneja de raza mediana produce entre 4 y 6 kg de leche por lactación: 40-50 g/kg de peso/día; es una capacidad muy alta si se compara proporcionalmente con otras especies. Esta leche con alta concentración de nutrientes permite alcanzar en promedio los 3 kg de peso/camada (7 gazapos) a los 30 días de edad. Es importante resaltar que en general un gazapo duplica su peso de nacimiento a los 6 días; un lechón, a los 14; un ternero, a los 47, y que después, el gazapo duplicará su peso c/10 días al transcurrir la lactancia, lo cual hace evidente la riqueza nutricional de la leche que recibe de su madre y la importancia del consumo del alimento de iniciación que sustituirá progresivamente a la leche. Este ritmo de crecimiento no puede ser emulado prácticamente por ningún otro mamífero de consumo.

Asimismo, la producción de leche de la coneja depende de varios factores: selección genética, calidad de la nutrición, el número de parto, el intervalo entre partos, el tamaño de la camada, los días transcurridos desde el parto y el control ambiental llevado a cabo en el interior de la granja. El pico de producción de la curva de lactación se ubica entre los 17 y 18 días, aunque hay discrepancia al respecto. La producción láctea disminuye rápidamente tan pronto los gazapos comienzan a ingerir alimento sólido a las tres semanas de edad. Se ha comprobado que la producción de leche se ve fuertemente influenciada por el tamaño de la camada: a un mayor número de integrantes de la camada, mayor es el estímulo de mamando y mayores son también las cantidades de prolactina y de oxitocina secretadas; este aspecto es evidente al analizar los datos del Cuadro 2.

Cuadro 2. Capacidad de producción de leche de acuerdo al tamaño de la camada.

Tamaño de la camada al destete Producción de leche
6

8

10

12

5.9 kg/lactación

6.5 kg/lactación

7.0 kg/lactación

7.4 kg/lactación

Tomado de: De Blas C y Gutiérrez I: Alimentación de conejas reproductoras. Cunicultura 2002; 27 (155): 11.

Por otra parte, la estimulación de la producción láctea de la coneja a través de la genética se ha enfocado principalmente en la mejora de la prolificidad en las líneas maternas y sobre el tamaño de la camada (más de 10 gazapos) en las líneas paternas; sin embargo, si se incrementa significativamente el tamaño de la camada, disminuye el peso al destete, lo cual es inconveniente en varios aspectos. También se ha investigado parcialmente la capacidad productiva de los animales híbridos y su comparación con las razas puras.

Otro factor que afecta de manera importante la producción láctea es el control ambiental, siendo la temperatura su principal elemento. Idealmente la temperatura ambiente que debe privar dentro de la nave de maternidad debe oscilar entre 16 y 22°C. La elevación de la temperatura en los locales por arriba de los 25°C disminuye: la receptividad y la prolificidad de las conejas, la tasa de ovulación y la producción de leche, e incrementa la reabsorción embrionaria. Está reportado que el estrés calórico experimentado por las conejas, especialmente cuando la temperatura ambiente permanece por arriba de los 30°C, limita su capacidad lactogénica.

También está comprobado que la edad a la primera cubrición influye sobre la capacidad de la coneja para producir leche. Varios estudios han demostrado que las conejas deben aparearse por primera ocasión cuando han alcanzado entre el 80 y el 85% del peso corporal que tendrán de adultas acordes a su raza; en el caso de las conejas de razas medianas (las de mayor importancia productiva) el peso aludido lo alcanzan entre los 4.5 y 5.0 meses de edad, razón por la cual se recomienda revisar a estas conejas durante ese periodo y aparearlas si manifiestan receptividad sexual; de esta manera experimentarían su primer parto aproximadamente a los 6 meses de edad. Si las hembras se aparean a mayor edad, disminuye su fertilidad pues con el paso del tiempo tienden a ganar tejido graso a nivel periovárico.

Por otro lado, a nivel etológico, es importante resaltar el comportamiento de las conejas con respecto a su camada. Debido a que las conejas han parido en madrigueras por generaciones, aparentemente nunca desarrollaron la capacidad de cuidar y procurar a los gazapos fuera de este sitio (la madriguera). Por esta razón, en las granjas, cuando por alguna circunstancia un gazapo se encuentre fuera del nidal, será necesario que el personal reincorpore al animal a su nidal pues la coneja no hará nada por ayudarlo; en muchas ocasiones, si los gazapos son aún muy pequeños y permanecen separados de la camada, fallecen por hipotermia y falta de amamantamiento.

Consecuentemente esta es una de las actividades más importantes que los trabajadores deben desempeñar en el área de maternidad, tanto al llegar a trabajar a la granja por las mañanas, como poco antes de retirarse: habrán de revisar que no haya gazapos fuera de los nidales, y si los hubiera, tendrán que regresarlos al interior del nidal, junto con sus hermanos. Es importante hacer notar que las pérdidas de gazapos por desatención y por nidales mal diseñados o en estado inadecuado pueden llegar a ser muy importantes. La salida de los gazapos a partir del nidal también puede deberse a que, en algunas ocasiones, los lactantes son arrastrados al exterior cuando la coneja interrumpe súbitamente el amamantamiento al percibir algún peligro o al asustarse, y se sale rápidamente del nidal.

Cuando los gazapos tienen alrededor de una semana de vida, se excitan y brincan dentro del nidal al percibir la presencia de la madre, y si las paredes del nidal son muy bajas o están rotas, alguno de los lactantes puede caer fuera del mismo. El diseño de los nidales debe procurar evitar, tanto la salida de gazapos, como la entrada frecuente de la coneja, cuando ésta esté asustada. Cada vez que la coneja entra bruscamente al nidal puede pisar y/o lesionar a algún crío, y también puede arrastrar a otros al salir; por ello, algunos nidales tienen como vía de acceso sólo una abertura circular estrecha, o incluso, en otros, el acceso puede ser clausurado durante el día y sólo se permite a la coneja entrar y amamantar a la camada temprano en la mañana, una sola vez, cada 24 horas.

Aproximadamente, a los 6 días de vida los gazapos han duplicado su peso al nacimiento y están cubiertos completamente de pelo; a los 9 o 10 días abren los ojos, y a los 12, desobliteran sus orejas; alrededor de los 13 o 14 días, hacen erupción sus dientes premolares; a los 18 días ya salen del nido y entre los 19 a 21 días comienzan a consumir alimento sólido. En el Cuadro 3 se puede observar la velocidad de crecimiento de los gazapos conforme transcurre el tiempo, su ganancia de peso, su consumo individual de alimento balanceado y su correspondiente conversión alimenticia.

Cuadro 3. Valores promedio de ganancia de peso corporal, consumo de alimento balanceado e índice de conversión de los conejos Nueva Zelanda blancos.

Edad, días Peso corporal,
gramos
Ganancia
de peso,  g/día
Consumo
de alimento,
g/día

Índice
de Conversión
/sem.

0, al día de

nacidos

1 – 7

7 – 14

14 – 21

21 – 28

28 – 35

35 – 42

42 – 49

49 – 56

56 – 63

63 – 70

70 – 77

 

65 – 80

80 – 160

160 – 260

260 – 380

380 – 510

510 – 695

695 – 922

922 – 1250

1250 – 1555

1555 – 1812

1812 – 2063

2063 – 2280

 

—–

11.42

14.28

17.14

18.57

26.42

32.42

46.85

43.53

36.71

35.85

31.00

 

—–

—–

—–

—–

27 + leche

55 + leche

88

117

133

154

168

177

 

—–

—–

—–

—–

—–

—–

2.71

2.49

3.05

4.19

4.68

5.70

Tomado de: Martínez-Castillo MA: Cunicultura. FMVZ – UNAM. 2019.

Puesto que los gazapos comienzan a ingerir alimento sólido aproximadamente a las 3 semanas de edad, a partir de ese momento van sustituyendo la leche materna de su dieta al ya no ser ésta suficiente para satisfacer sus necesidades nutricionales. Por cuestiones técnicas y prácticas, el alimento sólido que comienzan a consumir los gazapos es el mismo que consume la madre, pero evidentemente las necesidades nutricionales de ambos son muy diferentes.

Ya que hasta el momento no se ha podido resolver el problema que representa el proporcionar alimento balanceado específico para la coneja lactante y el requerido por gazapos de 3 semanas de edad por separado, a través de dos comederos independientes, como sí es posible en el área de maternidad de los cerdos, por ejemplo, en cunicultura se proporciona el mismo alimento balanceado para reproductoras y lactantes, sin que esto permita cubrir las demandas nutricionales específicas de ninguno de los dos. Tampoco existe la disponibilidad comercial de alimento iniciador, ni de desarrollo, como en otros animales de granja; al conejo se le desteta y se le proporciona directamente el alimento denominado de engorda. Bajo estas circunstancias es pertinente preguntarse: ¿cuál debe ser la edad apropiada para destetar a los gazapos a nivel comercial?

Es importante saber que aproximadamente a las 4 semanas de edad, la dieta del gazapo está constituida todavía por 40% de leche materna; a los 32 días de edad, la alimentación láctea representa 20% y no es sino hasta los 34-38 días de edad cuando al gazapo se le puede alimentar, prácticamente en su totalidad, mediante alimento sólido, pero cabe mencionar que, si permanece con su madre, puede seguir mamando y complementar su dieta.

Asimismo, debe recordarse que el gazapo experimenta, influido por la misma sustitución progresiva del tipo de alimento, un descenso cada vez mayor del pH de su medio acuoso estomacal, logrando la estabilidad y su valor más bajo (pH = 1-3) entre la séptima y la octava semanas de edad. El pH tan bajo constituye una barrera química natural muy eficiente para evitar el ingreso de microorganismos patógenos que potencialmente pudieran afectar el funcionamiento digestivo del gazapo; debe señalarse que las principales enfermedades digestivas de los conejos (coccidiosis, colibacilosis, clostridiosis, Tyzzer) tienen lugar precisamente antes de que los gazapos alcancen en su estómago el pH referido a las 8 semanas de edad.

Asimismo, debe aclararse que la amilasa pancreática manifiesta toda su plenitud enzimática aproximadamente también hasta las 8 semanas de edad del gazapo y por ello, los destetes precoces representan cambios bruscos de alimentación para los conejos, pues mientras que como lactantes recibían un alimento rico en lactosa y grasas de la leche (rica en ácidos grasos de cadena corta o mediana fácilmente digeribles), ver Cuadro 1, como destetados reciben un alimento pelletizado muy pobre en grasa, pero rico en almidones provenientes de los granos; el almidón es un elemento que no pueden digerir eficientemente los gazapos por la indisponibilidad suficiente de la amilasa, razón por la cual el almidón indigerido, que llega en grandes cantidades al ciego, se fermenta y desencadena trastornos digestivos;  también el alimento balanceado representa un cambio brusco de los niveles de proteína para los gazapos, tanto en cantidad como en calidad y digestibilidad.

Lógicamente, las necesidades de nutrición de un gazapo recién destetado, distan mucho de las de un conejo de 10 semanas de edad, que está muy próximo a salir al mercado. Por ejemplo, durante la fase de engorda, los conejos necesitan entre 10 y 14% de fibra bruta, mientras que las hembras reproductoras sólo demandan 10-12%.  Asimismo, debe reconocerse que los problemas de diarreas en los gazapos también se ven influenciados de manera importante por las condiciones higiénico-sanitarias de las instalaciones y por el control de las condiciones ambientales.

De esta manera, por las razones fisiológicas ya argumentadas sería conveniente  recomendar el destete de los conejos de granja hasta las 7 u 8 semanas de edad, sin embargo, tomando en cuenta aspectos productivos y rentabilidad de la especie tal parece que lo más recomendable es destetar a los gazapos entre las 5 y las 6 semanas de edad, como se lleva a cabo dentro del sistema reproductivo denominado semiintensivo, sin descuidar los aspectos higiénico-sanitarios, ni algunos detalles de manejo, como por ejemplo: hay que prestar atención especial a las camadas destetadas que tienen más de 8 gazapos, pues éstos tendrán menor peso promedio, experimentarán mayor competencia en el área de engorda y tardarán más tiempo en alcanzar el peso comercial. Si es posible, se recomienda estandarizar la cantidad de gazapos, tanto al nacimiento, como al destete. El destete, o “desmadre”, como dicen los españoles, constituye una experiencia crítica para todo mamífero. Es una situación muy estresante para el gazapo, pues implica su separación de la madre, su traslado a un área y jaula diferente y un cambio brusco de alimentación.

La reducción del periodo de lactancia para la obtención de más camadas/hembra/año ha incrementado los problemas de salud de los gazapos durante el inicio del periodo de engorda, siendo los trastornos digestivos los problemas más significativos. Cuando un conejo acaba de ser destetado es conducido a una jaula diferente, en la que obviamente privará otro ambiente, con lo cual experimentará estrés, mismo que lo predispone a alteraciones, tanto de la frecuencia alimentaria como de la actividad peristáltica, propiciando desbalances de la flora intestinal.

El día en que el gazapo es destetado, prácticamente no consume alimento sólido; durante el siguiente día, sólo come aproximadamente 25% de la cantidad que normalmente debería ingerir por día y es hasta el tercer día cuando se reestablece su consumo de alimento y se observa una fase de compensación. Debe tomarse en cuenta la comprobada correlación: a mayor peso al destete, mayor resistencia a enfermedades digestivas y menor periodo de engorde, y viceversa. En conclusión: no es conveniente destetar a los gazapos antes de los 30 días de edad, como algunos autores lo mencionan, porque los lactantes aún no producen las enzimas apropiadas para digerir varios elementos de una dieta comercial, especialmente los almidones; la plenitud de la producción de enzimas pancreáticas la tiene el conejo hasta las 7-8 semanas de edad.

Una cosa es que el destete precoz sea posible y otra muy diferente es que sea lo más conveniente. Por lo tanto, debe enfatizarse que no necesariamente a más partos/hembra al año y más gazapos nacidos, lo que caracteriza al sistema reproductivo intensivo, mayor producción final; en muchas circunstancias es preferible incrementar el lapso interparto y la duración de la lactancia, para así aumentar la viabilidad de los gazapos (como ocurre en los sistemas reproductivos semiintensivo y extensivo), pues de esta manera, al final se producirán más kilogramos de carne sin haber exigido en forma exagerada la capacidad reproductiva de los animales.

 Literatura recomendada:

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  3. Carabaño R, García J, Nicodemus N, Gómez M, De Blas C. Edades de destete y pienso de transición. Influencia sobre la productividad. Cunicultura, 2004; 29 (167): 5-14.
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  5. De Blas C et al. Nutritional digestive disturbances in weaner rabbits. Animal Feed Science and Technology, 2012; 173: 102– 110.
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  14. Maertens L, Lebas F, Szendrö Zs: Rabbit milk: a review of quantity, quality a non-dietary affecting factors. World Rabbit Sci, 2006; 14: 205-230.
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