Ana Gabriela Maafs Rodríguez.
Departamento de Nutrición Animal Fernando Pérez-Gil Romo.
Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán.
Ciudad de México.
[email protected]

Silvia Carrillo Domínguez.
Departamento de Nutrición Animal Fernando Pérez-Gil Romo.
Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán.
Ciudad de México.
[email protected]

Se entiende por diabetes a un grupo de enfermedades caracterizadas por niveles elevados de glucosa en sangre, ya sea por falta parcial o total de insulina (diabetes tipo 1) o por resistencia a la insulina (problemas a nivel de las células) y mayor producción de glucosa (diabetes tipo 2). Esta última es la más frecuente, pues es la que se desarrolla por malos hábitos de alimentación y, por lo tanto, es prevenible. Este tipo de diabetes es la segunda causa de mortalidad en el país, responsable de la muerte de alrededor de 6.4 millones de mexicanos al año. En el presente artículo se hablará únicamente sobre este tipo de diabetes.

En la Figura 1 se muestra un esquema del desarrollo de la enfermedad, la cual normalmente es crónica y se diagnostica después de varios años de malos hábitos de alimentación. Una vez que se establece la diabetes, el exceso de glucosa en la sangre puede ocasionar diversas y graves complicaciones de la enfermedad, tales como enfermedad cardiovascular, accidente cerebro vascular, insuficiencia circulatoria, retinopatía (problemas en la vista); neuropatía (afectación en las extremidades, como pie diabético), nefropatía (problemas en los riñones), entre otras. Considerando, por lo tanto, la relación que existe entre la diabetes y la enfermedad cardiovascular, es fundamental incluir en el tratamiento medidas para controlar factores de riesgo asociados a las enfermedades del corazón, en conjunto con el tratamiento para la diabetes.

Normalmente el tratamiento nutrimental para la diabetes tiene como objetivos favorecer un peso corporal y porcentaje de grasa saludables, además de controlar los indicadores más significativos de las complicaciones de la diabetes, como son: los niveles de lípidos en la sangre (colesterol total, colesterol HDL, LDL, triglicéridos), así como indicadores de inflamación (proteína C reactiva, factor de necrosis tumoral: TNF-alfa, interleucina: IL-6), marcadores de estrés oxidativo (aspartato y alanina aminotransferasas), niveles de hemoglobina glucosilada, entre otros.

Durante los últimos años, además de investigar el papel que la alimentación desempeña en la prevención y tratamiento de dichas complicaciones, se ha tratado de conocer el efecto que el consumo de algunos alimentos en específico, tienen sobre la enfermedad. Tal es el caso del huevo.

Siendo México uno de los países con mayor consumo de huevo (22 kg per cápita anual), se entiende el interés que existe por investigar la relación que existe entre este alimento y la diabetes. El huevo es un alimento con excelente valor nutrimental, su proteína es la de mejor calidad pues contiene todos los amino ácidos considerados esenciales para el humano, es fuente de folato y arginina; contiene aproximadamente 5.2 g de lípidos por pieza, la mayor parte de sus grasas son mono y poliinsaturadas a las que se les han atribuido efectos benéficos a la salud, su aporte energético es bajo (75 kcal/pieza) y es uno de los alimentos con mayor índice de saciedad.

Por su contenido de colesterol (230 mg/ pieza) se creía que era necesario moderar la cantidad de huevo; sin embargo, las últimas recomendaciones de la Asociación Americana del Corazón (AHA, por sus siglas en inglés), publicadas en 2015; especifican claramente que los niveles de colesterol en la sangre, no dependen de la cantidad de colesterol que se ingiere a través de los alimentos, sino de otros factores tales como un elevado consumo de grasa saturada, bajo consumo de fibra, estrés, etc. Por tal motivo, la AHA señala que personas sanas pueden consumir una pieza por día, sin ningún riesgo, sin sobrepasar una ingestión diaria de colesterol de 300 mg.

Pero la pregunta es, ¿ocurre lo mismo cuando la persona tiene diabetes? Para hallar la respuesta a esta interrogante, se han realizado diversos estudios en los que se ha evaluado el efecto que, sobre los pacientes con diabetes, tiene consumir distintas cantidades de huevo.

En el estado de Sonora, México, se llevó a cabo un estudio con pacientes diabéticos, en el que se comparó, el efecto que sobre los marcadores de inflamación y otros factores de riesgo tenía consumir un desayuno con avena o con huevo. Los 29 sujetos que participaron en dicho estudio consumieron una pieza de huevo en el desayuno o ½ taza de avena, por un periodo de 5 semanas. Al finalizar el estudio, los autores encontraron que la concentración de glucosa en la sangre era igual, sin importar cuál desayuno consumieran los sujetos. Sin embargo, los marcadores de inflamación (TNF-alfa e IL-6) fueron menores en las personas que consumieron huevo en comparación con las que desayunaron avena diariamente. Resultados similares se encontraron con los marcadores de estrés oxidativo (alanina- y aspartato-aminotransferasas), quienes consumieron huevo tenían menores valores de estos indicadores, que aquellos que desayunaron avena. Los autores de este trabajo atribuyen el efecto a la presencia de luteína y zeaxantina, pigmentos con propiedades antioxidantes presentes en la yema de huevo.

Por otro lado, en Australia, durante un periodo de 3 meses, se estudió el efecto que, sobre el perfil de lípidos y otros indicadores bioquímicos, tiene consumir dos piezas de huevo al día. Se reclutaron 121 participantes que padecían pre diabetes o diabetes tipo 2, y fueron asignados a un grupo en el que debían consumir 2 piezas de huevo todos los días por la mañana; o a otro grupo en el que se consumían como máximo 2 piezas de huevo a la semana.

Al finalizar los tres meses se encontró que los niveles de colesterol total y colesterol LDL disminuyeron en el grupo con alta ingesta de huevo; mientras que los niveles de HDL colesterol aumentaron en ambos grupos. El efecto sobre los triglicéridos, glucosa sanguínea y hemoglobina glucosilada fue similar en ambos grupos. Los autores de dicho estudio encontraron que los sujetos que consumieron dos piezas de huevo al día reportaban mayor saciedad y mayor disfrute en su alimentación. El mecanismo por el cual el consumo de huevo puede disminuir los niveles de colesterol total, LDL y aumentar el colesterol HDL al parecer se relaciona con la apolipoproteína A-I intestinal. Dicha proteína es el principal componente estructural del colesterol HDL, y su formación aumenta con el consumo de colesterol y lípidos, por lo que el consumo de huevo (rico en grasas insaturadas y con buen aporte de colesterol), favorece un incremento en la presencia de esta apolipoproteína A-I.

Los dos estudios anteriores presentan evidencia sobre el efecto benéfico que el consumo de huevo puede tener en marcadores de inflamación y en los valores de colesterol sanguíneo en personas con diabetes o con prediabetes. Ambos parámetros deben monitorearse en dichos pacientes para prevenir complicaciones de la enfermedad y disminuir los factores de riesgo cardiovasculares que suelen acompañarla.

Ahora bien, ¿qué sucede si los pacientes con diabetes son adultos mayores? ¿pueden ellos consumir huevo? ¿qué revelan las evidencias?

Un estudio llevado a cabo en Estados Unidos evaluó el efecto que el consumo de huevo completo tenía en el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 en adultos mayores. En el estudio participaron aproximadamente 3900 sujetos de más de 65 años de edad, a quienes se les dio seguimiento durante 11 años. A todos los sujetos se les preguntó la cantidad de huevo que ingerían y la frecuencia con la que lo hacían (nunca, < de 1 pieza al mes, de 1-3 piezas al mes; 1 – 4 piezas a la semana; casi diario). En el Cuadro 1 se muestra el porcentaje de participantes que reportó consumir las diferentes categorías de huevo, siendo lo más común 1-3 piezas al mes y 1-4 piezas a la semana.

Durante el seguimiento de 11 años, se presentaron un total de 313 casos de diabetes mellitus 2 en la población estudiada. Para ver si había una asociación entre estos casos y el consumo de huevo, se realizaron los análisis estadísticos pertinentes y se observó que no existía una dependencia directa entre el mayor consumo de huevo y el riesgo para desarrollar la enfermedad. En el Cuadro 2 se muestra el total de casos nuevos de diabetes que se presentaron durante los 11 años del estudio, de acuerdo al consumo de huevo de los sujetos. Aunque los datos no son concluyentes, se observaron algunas tendencias que vale la pena mencionar.

En el caso de las mujeres, al parecer no hay ninguna asociación entre el consumo de huevo y el desarrollo de diabetes, pues de aquellas mujeres que reportaron consumir huevo casi diario, únicamente 4 desarrollaron la enfermedad; mientras que en las que consumieron 1-3 piezas de huevo al mes hubo 64 casos y en aquellas con un consumo de 1-4 piezas sólo 48 desarrollaron diabetes. Sin embargo, en el caso de los hombres el comportamiento fue distinto, pues el menor subgrupo en el que se desarrolló diabetes fue en el que nunca consumían huevo. Este estudio muestra que personas de distinto género y edad tienen respuestas diferentes al huevo que ingieren, pero aun así el consumo de este alimento no resultó ser un factor de riesgo.

En resumen, los estudios mencionados muestran que: 1) consumir una pieza de huevo al día puede reducir la presencia de marcadores de inflamación en sangre, 2) el consumo de dos piezas de huevo al día puede ayudar a disminuir los niveles de colesterol total, colesterol LDL y a aumentar el colesterol HDL, además de favorecer la saciedad en la alimentación (útil para el control de peso corporal) y la versatilidad en la dieta, 3) el consumo de huevo no tiene ningún efecto adverso en los niveles de glucosa o de insulina de pacientes sanos, con prediabetes o con diabetes; 4) su consumo no se relaciona con un mayor riesgo para desarrollar la enfermedad, por lo contrario su ingesta regular puede tener beneficios y contribuir a prevenir las complicaciones que acompañan a la diabetes.

Los beneficios del huevo cada vez son más demostrados, pero para que funcionen en cualquiera de los casos, su consumo debe estar acompañado de estilos de vida saludable: una alimentación correcta y suficiente práctica de ejercicio cotidiano.

Bibliografia

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  • Longo DL, et al (editores). “Diabetes Mellitus” En Harrison: Principios de medicina interna. 18ª ed. McGraw Hill, 2012; China.

Artículo publicado en Los Avicultores y su Entorno