MC MVZ Leonardo Adrián Rios Ortíz.
Gerente técnico – Alivira Laboratorios Karizoo.
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Un programa robusto de bioseguridad es un elemento esencial para explotar el potencial genético y mejorar la productividad de los animales. Las patologías originadas por fallas en la bioseguridad en cerdos tienen cuatro causas principales: bacterianas, virales, parasitarias y fúngicas, pudiendo actuar en forma individual o colectiva.

Normalmente, las enfermedades respiratorias son causadas por una combinación de diversos agentes dando como resultado el Complejo Respiratorio Porcino (CRP). Es decir, casi siempre hay dos o más agentes patógenos que afectan al cerdo.

El primer signo de un problema respiratorio es la presencia de tos o estornudo, lo que conlleva un factor potencial de propagación para enfermedades respiratorias. El aumento en la humedad relativa ayuda a los patógenos a transportarse suspendidos en las gotas expulsadas por la tos o el estornudo. De igual forma, excesiva humedad impide el movimiento ciliar y modifica la acuosidad del moco; por lo que la ventilación juega un papel importante dentro de los factores ambientales predisponentes.

Otro factor es la ubicación de las naves y el hacinamiento, que combinados con una mala ventilación e incremento de la humedad, aumenta las concentraciones de amoniaco por arriba de las 50 ppm, lo que a su vez, predispone a la aparición de modificaciones mucociliares, tos constante y una reducción en el consumo de alimento.

Con frecuencia, el estrés permite que un virus o bacteria (Mycoplasma) colonicen al cerdo. Estos organismos son los agentes primarios que abren las puertas a bacterias secundarias que regularmente están presentes en el ambiente. Los pulmones son más vulnerables a los invasores secundarios por lo que un patógeno fomenta la gravedad del otro.

Las principales bacterias que afectan en un brote de CRP son Mycoplasma hyopneumoniae, Pasteurella multocida, Estreptococos suis, Haemophilus parasuis, Actinobacillus pleuropneumoniae, Actinobacillus suis y Salmonella choleraesuis.

Los signos del CRP incluyen fiebre, anorexia, letargo, tos, emaciación y respiración forzada. La severidad variará de acuerdo a factores como la edad, patogenicidad, duración de los signos, así como el número y tipo de agentes patógenos implicados en el proceso.

En cuanto al diagnóstico, no se puede identificar a los microorganismos involucrados únicamente mediante las lesiones macroscópicas y la signología, por lo que se requiere preparar adecuadamente las muestras correctas y enviarlas a un laboratorio de patología veterinaria para la confirmación del diagnóstico.

 

Para el tratamiento y control, es necesario tomar en cuenta ciertos puntos fundamentales:

  • Serología para conocer la carga bacteriana o viral.
  • Antibiograma para determinar qué antibiótico se puede utilizar.
  • Manejo de flujo (todo dentro – todo fuera).
  • Control de densidad, agua, temperatura, humedad y alimento.
  • Medicación estratégica para secundarios.

Finalmente, una herramienta para el tratamiento de la neumonía bacteriana es la amoxicilina y el florfenicol. Este último tiene acción bactericida de amplio espectro y es eficaz en el tratamiento de grampositivas y gramnegativas con acción sobre Mycoplasmas; está indicado para el tratamiento de la mayoría de las infecciones secundarias causadas por Mannheimia haemolytica, Pasteurella multocida, Haemophilus somnus, Bordetella bronchiseptica, Mycoplasma hyopneumoniae y Actinobacillus pleuropneumoniae.

Como conclusión, podemos resumir que la bioseguridad es un elemento fundamental para el manejo de todo hato, pero también lo es el diagnóstico y la correcta utilización de los antibióticos, los cuales serán nuestras armas en el día a día.

Artículo publicado en Los Porcicultores y su Entorno Noviembre Diciembre 2022

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