En la actividad productora de leche.

Francisco Alejandro Alonso Pesado
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Elizabeth Rodríguez de Jesús.
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INTRODUCCIÓN.

Se empieza a gestar una preocupación que no se había presentado en México en lo que va del Siglo XXI(1).

Hay toda una generación de mexicanos que no se habían preocupado por el fenómeno económico inflacionario. Se requiere tener cierta edad para recordar los impactos negativos de la inflación.

Y seguramente aquellas personas que fueron ya vacunadas contra SARS-Cov-2 (de 60 años en adelante) son las que recuerdan cómo el país se debatía entre las crisis y las hiperinflaciones de los años 70 y 80 del siglo XX(1).

Hoy, otra vez, el aumento de los precios de los bienes y servicios finales y de los recursos productivos son tema que abordamos en las conversaciones. Solo que, por el momento, se comenta como un tópico de alerta, de estar pendiente en su evolución y no como un problema más relevante de la economía mexicana(1).

Lo que más preocupa son los aumentos de precios más notorios en aquellas mercancías que le “pegan» a las mayoría de la población mexicana(1).

Se tiene el aumento de precios de gas, gasolinas y diésel. Son productos de consumo generalizado, con impactos multiplicadores (sinérgicos) y de notable importancia en la formación de precios(1).

Es así que, en 2020 el tanque de gasolina de un automóvil se llenaba con 670 pesos, ahora (mayo de 2021) se requieren 900 pesos para surtir la misma cantidad del combustible(1), obviamente esto afecta el costo de producción de empresas pecuarias, incluyendo a las lecheras; así como las finanzas de las personas que cuentan con un automóvil(1).

El incremento de precios del gas, de las gasolinas y del diésel eleva los precios de los recursos productivos, y es así que los costos de producción aumentan, por lo que es posible que el margen de ganancias de los productores disminuya, lo que es peor, se coloquen en zonas de pérdidas, si no trasladan el aumento de costos a los precios de los productos finales elaborados por los granjeros.

Los productores de leche del país, se ven presionados por el incremento de precios de los combustibles. Si se eleva el precio del alimento de las vacas, de los medicamentos utilizados para los animales, y de otros insumos que son transportados desde las fábricas, los laboratorios, y otras empresas, hasta las unidades de producción lecheras, los costos de producción de un litro de leche aumentan. Este mismo comportamiento se presenta con los otros insumos que participan en el proceso productivo, configurando un aumento de costos de producción.

Muchos productores de leche del país, son tomadores de precios, es decir, los intermediaros les fijan los precios de compra a su producto, por lo tanto, estos productores se ven limitados a trasladar el aumento de costos de producción a los precios de venta de 1 litro de leche. El poder de negociación de los productores ante los intermediarios se «acota”, escenario que puede colocar a estos productores en zona de pérdidas o de menores ganancias.

Los productores, así como los consumidores se ven impactados negativamente en función del aumento de precios de los insumos alimenticios y de los productos finales como la carne y la leche de bovino.

Los productores lecheros “sufren» cuando aumentan los precios del maíz amarillo, del sorgo, de la pasta de soya de otros ingredientes de alimentos balaceados. Asimismo, los consumidores finales ven mermado su poder de compra con el aumento de precios de bienes de consumo final, como lo son, alimentos básicos como la tortilla, el pollo y la leche.

Los insumos alimenticios, los combustibles y los alimentos de primeras necesidad son tres sub índices que se han elevado durante la pandemia hasta mayo del 2021. Sin embargo, hay otros precios de otros satisfactores que se mantuvieron relativamente estables durante 2020 como resultado de una baja demanda durante la pandemia.

Los servicios, por ejemplo, presentan hasta el momento un aumento de precios por debajo del Índice Nacional de Precios al Consumidor, pero es posible que en la medida que se amplié el desconfinamiento habrán de subir esos precios(1).

A diferencia de las crisis de los años 80 del siglo XX, este aumento de precios es, hasta ahora, mucho más moderado(1).

Sin embargo, la inflación viene registrando un repunte en los primeros meses del 2021, por lo tanto es importante estar atentos a las tendencias del comportamiento de los precios tanto de los factores productivos como de los bienes de consumo, es decir, de las carnes, la leche y derivados, el huevo y otras mercancías de primera necesidad.

Ante este contexto el artículo indica el impacto inflacionario por el aumento de precios de combustibles y de insumos alimenticios en la actividad de leche.

Material.

Para elaborar el artículo impacto inflacionario por el aumento de precios de combustibles y de insumos alimenticios en la actividad productora de leche, se consultaron fuentes secundarias de información, estas fuentes aportaron datos y análisis, que se incorporaron al artículo.

Desarrollo del tema.

La inflación al consumidor final, en México es actualmente del 6.08 por ciento a tasa anual de acuerdo al Banco de México (Banxico). Con esta inflación, el poder de compra de los hogares mexicanos disminuye y, por consiguiente, cae el nivel de vida. Una cantidad importante de familias del país perciben ingresos muy bajos que no cubren necesidades básicas(2), es así, que no consumen la cantidad de leche recomendada por la FAO que es de 182 litros al año, y solo se consumieron 124 litros en 2018(2,4).

Aumento de precios de los combustibles.

La inflación anualizada (de marzo de 2020 a marzo de 2021), presentó un incremento ante las presiones del continuo aumento del precio del petróleo en el mercado internacional. Así, la inflación se desbordó por encima del rango objetivo de Banxico.

En marzo de 2021, el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) registró un incremento de 0.83 por ciento respecto a febrero del mismo año, lo que determinó que la inflación se ubicara en 4.67 por ciento a tasa anual (de marzo de 2020 a marzo de 2021) ya para el 21 de abril de 2021, la tasa anual se colocó en 6.08 por ciento(3).

Lo anterior representa el mayor nivel inflacionario registrado desde finales de 2018.

Con estos datos, la inflación se ubicó por encima del rango objetivo de Banxico, de 3 porciento +/-1 punto porcentual.

Algunos expertos esperan que la inflación siga elevándose, y por lo tanto, el margen de maniobra de Banxico, encargado de mantener la estabilidad en los precios, disminuya.

Los precios de los energéticos aumentaron a una tasa anualizada (de abril de 2020 a abril de 2021) 28.02 por ciento, el mayor nivel del que se tiene registro desde marzo de 1997, cuando los precios de los energéticos se colocaron a una tasa anualizada de 28.68 por ciento.

El gas doméstico LP presentó un alza de precios anualizada de 35.57 por ciento, la gasolina magna tuvo un aumento anualizado del 35 por ciento y la gasolina Premium de 34.57 por ciento(3).

Un aumento en los precios de los energéticos implica para los productores de leche, una aceleración en sus costos de producción. Los insumos transportados desde los centros donde se producen hasta las empresas lecheras, presentan un aumento de precios. Para el productor de leche, el costo del alimento se eleva, ya que al ser transportado, los costos de traslado se elevan por el aumento de los precios de los energéticos. Este mecanismo se presenta con los otros insumos que participan en el proceso productivo. El aumento de costos del alimento balanceado se traslada al producto final, esto explica un aumento en el costo de producción de un litro de leche. Aquellos productores lecheros que no tienen la capacidad de trasladar el aumento de costos de la leche al precio de venta de ésta se colocarán en un escenario de disminución de ganancias o de pérdidas. Cuando los costos variables unitarios, en la producción de leche, son mayores al precio de venta de un litro de leche, el productor se coloca en una posición sumamente difícil, ya que, si persiste por un largo periodo este escenario, el productor se verá obligado a cerrar su empresa. Se afirma que cuando el costo variable unitario (costo variable por litro de leche) es igual o mayor al precio de venta unitario (precio de venta por litro  de leche) el productor se coloca en punto de cierre.

Es importante establecer que en México el precio de la leche es de garantía, es decir, es un precio administrado. Si el incremento de los costos se acelera sustancialmente y no se revisa con regularidad el precio de garantía de la leche, se puede dar el caso de una descapitalización de los productores de leche.

Una desaceleración en el volumen de producción de leche en el país, posiblemente lo coloca en una situación de insuficiente oferta en su mercado interno. En México y de acuerdo a datos publicados por la Universidad Nacional Autónoma de México el consumo de leche por persona al año, fue en 2018 de 124 litros, cuando la recomendación de consumo de la FAO es de 182 litros de leche(4).

Aumento de precios de los insumos alimenticios.

El mercado del maíz presenta una posición difícil en razón a los aumentos enérgicos de precios que la mercancía ha experimentado en el mercado global, durante los últimos meses del 2021, lo que ha impulsado su cotización en el mercado doméstico(5).

Durante varios años el precio del maíz se colocó en niveles de alrededor de 3.5 dólares por bushel. En julio de 2020, el maíz se cotizó en 3.18 dólares por bushel, ya para el 3 de mayo de 2021 logró los 6.75 dólares por bushel. El aumento acumulado del cereal (de enero de 2021 al 3 de mayo de 2021) fue alrededor del 40 por ciento(5). De agosto del 2020 al 14 de mayo de 2021 el precio del maíz se elevó en 117 por ciento(5).

Son diversas las variables que explican el fenómeno. Algunas de ellas son: i) estancamiento en su producción, probablemente ocasionado por la pandemia; ii) la reactivación del uso del maíz amarillo para la producción de etanol en los Estados Unidos de América (EUA) principal productor de maíz amarillo en el mundo; y iii) las bajas en el volumen de producción por inundaciones y sequias en algunos países con producciones relevantes como Brasil(5).

Una variable estructural, que se ha mantenido por varios años, es el crecimiento de la demanda, principalmente de China, pero también de otros países, como México. La nación mexicana es deficitaria en la producción de maíz amarillo y lo requiere como insumo para la alimentación de bovinos, cerdos, aves, ovinos, etc.(5).

Estas variables, así como otras, configuran el aumento en el costo del maíz amarillo en el marcado internacional.

La productividad general en México es muy baja, aproximadamente unas 3.7 toneladas de maíz por hectárea que palidecen en comparación con las 11 toneladas de maíz que se producen en los EUA. México es, por mucho, el país de menor productividad entre los principales países productores de maíz en el mundo.

El precio del trigo pasó de 5.26 dólares por bushel en agosto de 2020 a los 7.08 dólares por bushel el 14 de mayo de 2021, lo que representó un aumento de 34.55 por ciento(6).

La cotización de la soya en el mercado internacional de materias primas se ubicó en 15.91 dólares por bushel el 14 de mayo de 2021, es decir, un aumento de 77.07 por ciento con referencia a los 8.98 dólares por bushel en que se cotizó en agosto del 2020. Solo en 2021, la soya ha elevado su precio en 21.43 por ciento(6).

La subida de precios de los insumos alimenticios viene repercutiendo en el precio final de la leche que se vende a los consumidores finales. Aunque el precio de garantía puede “amortiguar” este aumento de los insumos alimenticios.

México ha logrado, hasta cierto punto, un aumento en el consumo por persona de proteína de origen animal. La actividad productora de leche en el país ha tenido un desarrollo importante en el volumen de producción, pero también en la implementación de mejoras en la alimentación y cuidado de las máquinas biológicas (vacas) de producción(6).

El mayor volumen de producción de leche viene significando un mayor consumo de maíz amarillo, que es el insumo básico en los alimentos para los animales(6), además de una mayor demanda de pasta de soya y sorgo.

El insumo alimento representa el mayor costo de producción de un litro de leche.

Resulta probable que se presente un aumento en el precio del litro de leche a los consumidores, por aumento en el precio del alimento balanceado que a su vez depende del precio del maíz amarillo y otros insumos alimenticios como la pasta de soya y en menor medida de trigo.

Es verdad, y como se indicó con anterioridad, la leche presenta un precio de garantía que tiene como propósito ofrecerles a los productores vulnerables cierta certeza productiva, ante escenarios con altos niveles de incertidumbre. Sin embargo, es necesario que se vigile muy de cerca la evolución de los precios de los insumos alimenticios y de otros insumos con el fin de evitar cierres de empresas lecheras. En tiempos pasados se tuvieron experiencias desagradables para los productores, donde el costo de producción de un litro de leche fue mayor al precio de garantía del litro de leche.

Se perdió uno de los objetivos que se perseguían, impulsar la oferta de leche nacional con el fin de satisfacer el mercado interno, así como, ir logrando la autosuficiencia en este producto.

La inflación y el cambio en el patrón de consumo de alimentos finales.

Las economías de ingreso medio y bajo, suelen modificar su patrón de consumo a favor del consumo en alimentos por encima del consumo de servicios.

Al presentarse un aumento de precios en los alimentos como la leche y otros satisfactores. La inflación para estos segmentos de la población, suelen ser mayor y tener un impacto considerable en su patrón de consumo(7).

Si se toman en cuenta esta observación, se entiende por ejemplo que los alimentos, incluidos la leche, tienen un importante efecto en la medición del INPC por que los alimentos básicos son los bienes de mayor consumo por parte de los mexicanos(7).

En estratos de población de escasos recursos, se concentra el poco ingreso familiar en la compra de alimentos y bebidas, ya que la gente, ante el incremento de los precios de los alimentos (y de la leche) se vuelven selectivas en su consumo para maximizar la distribución de sus ingresos(7).

El alza de precios de los alimentos (carne, leche y otros) como consecuencia del aumento en los precios de energéticos y materias primas alimenticias, podría haber determinado que los hogares más vulnerables de México consumieron un menor aporte calórico del que adquirieron antes del inicio de la pandemia por Covid -19, aun reasignándolo racionalmente, se compró una menor cantidad de leche y otros alimentos como consecuencia del aumento de la inflación, en un contexto de pandemia.

Conclusiones.

Un aumento en eI precio del gas, de la gasolina y del diésel, así como del maíz, del sorgo y de  la pasta de soya, incrementan los costos de producción de los productores lecheros. Si estos costos avanzan aceleradamente y el precio de venta del litro de leche se mantiene constante, hasta el punto en que el costo de producción se colocara por encima del precio de venta a nivel de pie de establo, los productores se descapitalizarían.

En México, la leche es un producto con un precio de garantía, este precio se aplica con el fin, entre otros, de asegurarles a los productores de leche vulnerables cierta garantía ante escenarios llenos de incertidumbres. Otro fin, es aumentar la oferta de leche al interior del país, y así ir logrando la meta de ser autosuficiente, como país, de este alimento.

La inflación originada por el aumento de precios de los energéticos y de los insumos alimenticios, provoca un deterioro en el poder de compra de la población consumidora de leche. En México la pobreza laboral (porcentaje de la población empleada con un ingreso inferior al valor de la canasta alimentaria) pasó de 35.6 a 39.4 por ciento en el primer trimestre de 2021, en comparación con el mismo periodo en el 2020(8). La inflación y la pobreza laboral, impactan desfavorablemente en el consumo de leche de vaca, en estratos sociales de bajo poder de compra.

En los déciles de ingresos más bajos, se concentra el raquítico ingreso familiar en la adquisición de alimentos y bebidas, ya que los consumidores, ante un aumento de los precios de los alimentos y de la leche se vuelven selectivos en su consumo con el objetivo de maximizar racionalmente la distribución de sus ingresos.

Literatura citada.

  1. El Economistas. Campos, S. E. La gran depresión. Ver con calma las presiones inflacionarias. Año XXXII Número 8274. Martes 11 de mayo del 2021. Pp. 7.
  2. El Economista. Rivas, A. S. La tan temida inflación. Año XXXII Número 8278. Lunes 17 de mayo del 2021. Pp. 28.
  3. El Economista. Saldívar, B. En abril, precios de energéticos registran su mayor alza desde 1997. Año XXXII. Número 8273. Lunes 10 de mayo del 2021. Pp.6
  4. Los Avicultores y su Entorno. Consumo y Posicionamiento de la Proteína Animal. Año 23. Número 140. Abril Mayo 2021. Pp. 1
  5. El Economista. Núñez, J. Competencia y mercados. El maíz, preciado (y costoso) tesoro. Año XXXII. Número 8271. Jueves 6 de mayo del 2021. Pp. 26.
  6. El Economista. Méndez, A. y Huerta, E. Mercado de granos, bajo presión en el mundo. Año XXXII. Número 8278. Lunes 17 de mayo del 2021. Pp. 18
  7. El Economista. Morales, Y. Riesgo de mayor inflación en América Latina por presión de alimentos: BM. Año XXXII. Numero 8260. Miércoles 21 de abril del 2021 Pp.4-5
  8. La Jornada. Encino, L. Pobreza laboral creció 3.8 por ciento en el país: Coneval, Año 37. Número 13226. Miércoles 19 de mayo de 2021. Pp. 13.

Artículo publicado en Entorno Ganadero